La iglesia olía a jazmines, a rosas, a bergamota. Sonaba la música mientras ellos dos, frente al altar se miraban sonrientes. La abarrotada asistencia observaba con candidez la ceremonia de boda. Él se dispuso a colocar el anillo sobre el dedo anular de ella. Sonaba el Aria de Bach. Ella sonrió y le miró.
Fue
entonces cuando en sus ojos vio las bofetadas, los puñetazos, los latigazos con
el cinturón, los insultos, los desprecios, las infidelidades y las siempre
sangrantes violaciones con ginebra y ron. No dejó que se lo colocase.
Alejo su mano y se giró hacia sus padres. Comenzó a correr perdiendo los
zapatos y la sonrisa por el pasillo central. Al llegar a la puerta se alejó con
una sonrisa en la boca
Hoy
en día vive en otra ciudad. Es feliz junto a Carol. Su esposa.

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