El loro


 

No es que sea cotilla, pero no tengo otra cosa que hacer y, los humanos, sois siempre tan predecibles. Se os ve el plumero a la legua. Como la Mary -que acaba de pasar con su vestido de lentejuelas- buscando ya clientes que llevarse a la boca. Por no decir otro sitio. Algún cliente ansioso la espera. O Jacinto, ya tambaleándose de buena mañana. Varias copas de orujo en el cuerpo y ahora buscando colillas por el suelo de la avenida. Desde que se murió Graciela -su argentina- no ha podido levantar cabeza. Pobre hombre. Y es que estar aquí prácticamente todo el día y todos los días, dan para muchas historias. Hasta que Katya termine en el restaurante y venga a recogerme. Espero que no se olvide como la última vez y termine en Comisaría.

Por ahí viene el Músico. Preparado a dar la serenata con su violín hasta las tantas. Me pone de los nervios. Total, para recoger diez o quince euros. Es que hay que ver lo mal que toca. Digo yo, qué con lo joven que es, ya se podía buscar otro trabajo mejor. Estudiantes…

Dña. Eustaquia se acerca con su caniche. No me fiaría yo mucho. Me ladra y si no tengo cuidado -o su dueña más bien- no veo el amanecer. Unos bancos más allá, se reunirá con D. Rodrigo. Que ya la estará esperando. Merendar y calentarse las manos. Se les ve felices juntos. Por no hablar de Laura y Javi. ¡Qué bonito es el amor a los dieciocho! Aunque estos días la veo yo a ella con una tripita que no sé yo. Comiendo pipas van. Entre beso y beso.

Empieza a hacer frío. Roque ha salido a pasear a su nieto. Ya va comiéndose un helado el crío. No me puede ni ver. Como me descuide me lo tira y me embadurna de nata. Esperemos que no se le ocurra. O tirarme una piedra. Que el niñato es capaz de todo. Y D. Roque riéndole las gracias.

Uy y D. Iván y Serafín. Por ahí se acercan. No pueden disimular su amor. Viudos los dos y tan enamorados. Eso sí sin cogerse de la mano ni acercarse mucho. Hablándole de las pensiones al chaval -Serafín, el más joven ya bo cumple sesenta y D. Iván andará cojeando por los sesenta y cinco. Rosario es mi chica preferida. Por ahí se acerca con sus tacones de aguja. Es la Gran Vedette del “Savoy” Dicen que canta como los ángeles. Siempre que pasa a mi lado me sonroja con sus piropos y su coqueteo. Es una dulzura de mujer.

En fin, así paso el rato. Ya va oscureciendo. A ver si Katya hoy no se entretiene con algún cliente baboso y me dan aquí las tantas. Tieso me quedo algún día.

El que faltaba para terminar. El Doroteo hecho un pincel, buscando víctimas. Ya irá de retirada. Unas cuantas carteras se habrá metido en la bolsa del Carrefour. Y algún móvil. No se fija mucho en mi porque si no, cualquiera sabe. Yo de ustedes miraría bien si aún siguen sus carteras entre sus pertenencias. Nunca se sabe del Doroteo.

Que ustedes descansen se diviertan y pasen buenas noches. Miren, ya se acerca Katya. Hoy no se ha retrasado mucho. Su sonrisa ilumina este paseo y da felicidad a este loro que les habla. ¡Hasta mañana!


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